Texto de sala (CAMINO DE LA BONDAD)

En los albores de la civilización fue el cultivo del arte aquello que más ayudó al hombre a humanizarse y aquello que mejor coadyuvó en la sublimación de sus miedos.

Y así habría de seguir siendo… como el talismán al que recurre Marcela Navarrete en su pintura. Para ella, el acto de empuñar un pincel y plasmar un lienzo es la mejor conjura contra los temores que la asedian, que son los mismos que nos paralizan a todos. Para ella, los colores y las formas son las herramientas más dúctiles para irradiar la bondad que la habita y para destilar las bendiciones que han de proteger a los seres que ama.

En su incesante búsqueda, ella aspira a que su pintura tienda hacia la luz y hacia las claridades donde mora la serenidad. Para ella, en cuanto artista que gime por la violencia ubicua de nuestro tiempo, el acto de crear es sinónimo del amor y del deseo de resguardar a sus semejantes.

Asimismo, ella sabe que la intención no es suficiente si no está forjada en la necesidad de hacer el bien y por ello, precisamente, ella pinta. Pinta para darle a sus cuadros y a los ojos que los observan la certidumbre de sus sentimientos más nobles. Dicho a la manera de Schiller: al pintar ella hace el bien con que se nutre la planta divina de la humanidad.


Samuel Maynez